Si realmente realizamos de una forma estable la consciencia de “pensar sin pensar” en nuestra meditación diaria, de modo que se esté vacío de pensamientos, no debería haber dificultades para extrapolar ese estado de conciencia a la conciencia cotidiana. No olvidemos que la meditación es un medio para vivir ecuánimemente y con sabiduría. Si en nuestra vida diaria no hay la suficiente flexibilidad para sentirnos meditativos en las acciones normales, de una forma espontánea y natural, es que no hemos llegado en la práctica de la meditación aún a donde hay que llegar, o dicho de otra forma, es que no hemos experimentado aún plenamente el vacío estable de la mente, y la subsiguiente introducción en el espíritu vital. Lo que se considera normal en la vida ordinaria, es que las personas estemos algo estresadas a causa del interés desmedido que ponemos en alcanzar algo, o escapar de algo. No comprendemos la quietud y la tranquilidad ante las metas u objetivos que nos proponemos, o que no...